Respuesta directa: la resiliencia comunitaria es la capacidad de una comunidad para anticipar, absorber, adaptarse y recuperarse frente a los desastres. Según la UNDRR, las comunidades resilientes son grupos sociales empoderados, inclusivos y organizados que reducen sus riesgos combinando cohesión social, conocimientos locales y tecnología.
Los pilares de una comunidad resiliente
- Enfoque local y participativo: la resiliencia se construye a nivel local, con compromiso ciudadano y decisiones compartidas.
- Inclusión total: participación de mujeres, niñas, jóvenes y pueblos indígenas, reconociendo sus vulnerabilidades y también sus conocimientos ancestrales.
- Reducción del riesgo: prevención y preparación para «reconstruir mejor» (Build Back Better).
- Conocimiento compartido: datos técnicos y lecciones aprendidas al alcance de la comunidad.
De la alerta a la acción: la última milla
Una alerta temprana solo salva vidas si llega a cada persona y se convierte en acción segura. Ese tramo final —la última milla— es donde más se pierde efectividad y donde FUNGIR concentra esfuerzos, en línea con la iniciativa Early Warnings for All.
Cómo se fortalece
- Diagnóstico participativo del riesgo local.
- Formación práctica y simulacros.
- Organización comunitaria (comités, brigadas, redes).
- Planes locales conectados con las instituciones.
- Seguimiento y mejora continua.
FUNGIR acompaña este proceso con formación (GIRD-DRR), proyectos (proyectos financiables) y el Sistema PREVIA®.
Fuentes: UNDRR (undrr.org), iniciativa MCR2030, Marco de Sendai 2015–2030.